lunes, 7 de junio de 2010

El número cuatro

Espera tranquilo, alejado de sus pares
Está sentado en un rincón oscuro
Está triste y decaído.

El número cuatro,
no tiene más sentido,
lo extravió en el hueco de sí mismo.

Me habla; me dice que lo es todo
sólo entre sus pequeñas manos.
-Ahora soy sólo un hueco en el piso- me dice
-Quiero volver, estar entre mis vecinos el tres y el cinco.
Pero sólo para que él me tome.
Quiero volver, sólo para que me mire-

Ése es el triste cuatro.
Un remedo lamentable de los números pares.
El cuatro ya bo lo es más,
es ahora un poco menos que el propio cero.

Y tendrá sólo un real valor,
cuando el pequeño lo tome en sus manos
y le regale uns sonrisa eterna,
como la que yo preciso
para sentirme un poco más que cuatro
cuando estoy lejos.

miércoles, 3 de marzo de 2010

El orgullo, me reventó el pecho


Llegué a casa cargando con la icontenible ansiedad de reencontrarme con ellos. Abrí la puerta y de inmediato sentí que su mirada me cobijaba, me llenaba de energía cálida y radiante. Extendió sus brazos y me regaló una sonrisa que desbordó por la puerta y se escurrió hasta la calle.

En su frente, brillaba una estrella. Un astro que irradiaba, le coronaba su redonda frente.

Lo abracé y sentí que el pecho se me inflamaba, hasta que ya no pude soportar las bocanadas de aire que se agolpaban contra mi piel, así que resoplé un profundo suspiro en la que se me escapó hasta el alma.

Lo llené de besos, le dije que estaba orgulloso de él y que éste, era sólo el principio de un larguísimo camino en el que tendría que enfrentar...-de pronto recordé- que era sólo un bebé.

Que lo importante era...en ese momento, sólo abrazarlo y hacerle sentir, cuánto lo amo

martes, 19 de enero de 2010

Hace algunos años (más de 12 de para ser preciso, sin serlo) conocí en el barrio a un muchacho oseo, de ligero andar, ojos grandes, pelo oscuro, piel curtida y para ser sincero, con una personalidad un tanto "polémica".


A muchos, incluso a mí en algún momento, el muchacho resultaba demasiado intenso y extravagante en su forma de ser. A otros, les parecía demasiado violento e impulsivo. Por ello, aunque en el barrio, la pandilla la formábamos más de 1o, menos de la mitad realmente lo soportaban.


Al principio, fui algo indiferente con él, le aguantaba sus bromas y sus arranques neuróticos, lo acompañaba por cortesía, y lo escuchaba sin atención. Lo único que tal vez nos unía y nos dividía profundamente -en ese momento- era la pasión por el futbol: él, América; yo, Chivas.


Pero, en algún momento -que no recuerdo- hicimos ambos, un pacto de amistad. Un contrato implícito en donde acordamos una amistad a prueba de fuego, de mujeres, de intereses, de maneras de pensar y hasta del tiempo.


"En las buenas y en las malas...", fue nuestro lema.


A partir de entonces, esas bromas y arranques neuróticos que tanto molestaban a la gente, de pronto comprendí, se trataba de un reflejo contrario, de una consecuencia de ese muchacho. Características que por algún motivo, me hacían sentir que era diferente a todos los demás.


En más de un centenar de ocasiones, me ha demostrado que detrás de esa férrea e irrazonable personalidad, se encuentra un persona profundamente sensible, con claros conceptos de lealtad, fidelidad, sinceridad, y solidaridad.


Sí, aquel muchacho era violento, desesperado, neurótico, intranquilo, irreverente, impulsivo, irracional, iracundo...pero era casi al mismo tiempo, atento a los estados de ánimo, a las necesidades de cada persona.

De pronto, sorprendía todos con un detalle que a todos dejaba callados y reflexivos. Recuerdo que en decenas de ocasiones alguna amiga decía: -híjole, cómo me gustan esos aretes- mientras paseábamos por el centro de la ciudad. Días después, así sin motivos, llegaba el muchacho con los aretes en la mano para dárselos; así, sin ninguna otra pretensión ni objetivo, sólo quería dar para recibir a cambio una sonrisa.

Ese es mi amigo.





jueves, 7 de enero de 2010

El corazón y la conciencia partidos en 3

He comenzado la delicada disección de mi existencia.
Con finos y milimétricos cortes, intento hacer fraccionar mi alma.

He pensado que si la alquimia me ayuda, podré crear en algún momento un corazón que alcance para cada quién, en donde depositar todo lo que se llama y no se llama.

Quisiera, encontrar en esos espacios, un lugar adecuado, un altar, un recinto digno para cada uno de mis amores.
Quiero diseccionar mi alma para entregarla a ellos. Una pieza para cada quien, partida en trozos de exacto tamaño y de infinita proporción.
Porque sólo así, podría tener una enésima concepción del significado de amar.
Amar a tres, con sólo un corazón
Amar a tres, con sólo un amor, igual.
A mar, a tres, con mis sueños como nave.
Amar a tres, es amar.