Aparece como una fotografía, un desgastado Volkswagen azul donde mi hermano Franco, me insitaba a correr lo más rápido posible hasta la puerta de la casa.
El problema no sería el vochito, sino mi andadera. No caminaba aún, estaba semiparado, con mis gordas piernas que apenas sontenían mi voluminoso cuerpo, apenas tocando el suelo. Ahí junto a mi, estaba su sonrisa enorme y sus cabellos rubios, montado sobre su poderoso vochito de pedales; reía continuamente con sólo mirarme, y aún sigo preguntándome por qué.
Después de un rato, y al ver que apenas podía mover mi hinchado cuerpo, saltaba de su vocho, tomaba mi espalda y me empujaba por todas partes con prisa. Rodeábamos una kilométrica mesa redonda, librábamos obstáculos insalvables como sillas gigantes, masetas y uno que otro juguete en el suelo.
Prácticamente sentía que volaba sobre mi andadera. Franco reía detrás mío, mientras yo trataba de contener mi susto y mi asombro ante el poder de la velocidad.
Finalmente cansado, dejaba mi pequeña existencia y volvía a conducir su bólido azul. Daba algunas vueltas sobre el circuito interior de nuestra casa, pero un poco apesumbrado y aburrido volvía a donde yo, para descubrir que todo esra mucho más divertido cuando empujaba con fuerza al bodoque con chinos.
Hoy mi hermano Franco cumple 30 años. Se ha convertido en un hombre -en toda la extensión de la palabra-
Un pequeño homenaje y un abrazo a mi querido Gordo.
miércoles, 11 de noviembre de 2009
martes, 10 de noviembre de 2009
Vientos de cambio...
El clima, junto con los paisajes, las personas y las situaciones han cambiado.
El viento (frío) trae consigo la desmesura de la incertidumbre.
No puedo mirar lejos aunque quiero, nubarrones negros me impiden divisar el escampe.
Espero sentado, temblando de frío.
Cada vez más, me cuesta escribir. Me duelen las manos, se rehusan a caer sobre las teclas de esta polvosa computadora. Sigo leyendo sí, cada que puedo retomo las páginas de los 3 libros que estoy siguiendo de manera paralela. Una no muy buena idea por cierto, porque en cierto punto, la debilidad de mi ya de por sí desgastada memoria, comienza a tejer puentes entre las historias de cada novela; y así de pronto, la oscura novela de Lovecraft, se traslada al desértico portugal y a la época de Maximiliano en Viena (escenario de una novela de Saramago), se llena de humor simplón y de algunas letras de escritores indígenas en Colombia (Antología, feria internacional del libro de Guadalajara 2007).
El destino de mis voluntades está dividido. Mientras que allá en casa, mi mujer y mi hijo siguen siendo toda la luz que necesito para mirar un horizonte enrojecido, detrás mío me sigue ese oscuro panorama que acompaña a mi pálida sombra, a los restos de mí.
Sigo esperando entonces a que la vela en el mástil, me indique qué rumbo debo seguir.
Sigo esperando a que la última brisa de cambio, me lleve finalemente al puerto a donde he de arribar.
El viento (frío) trae consigo la desmesura de la incertidumbre.
No puedo mirar lejos aunque quiero, nubarrones negros me impiden divisar el escampe.
Espero sentado, temblando de frío.
Cada vez más, me cuesta escribir. Me duelen las manos, se rehusan a caer sobre las teclas de esta polvosa computadora. Sigo leyendo sí, cada que puedo retomo las páginas de los 3 libros que estoy siguiendo de manera paralela. Una no muy buena idea por cierto, porque en cierto punto, la debilidad de mi ya de por sí desgastada memoria, comienza a tejer puentes entre las historias de cada novela; y así de pronto, la oscura novela de Lovecraft, se traslada al desértico portugal y a la época de Maximiliano en Viena (escenario de una novela de Saramago), se llena de humor simplón y de algunas letras de escritores indígenas en Colombia (Antología, feria internacional del libro de Guadalajara 2007).
El destino de mis voluntades está dividido. Mientras que allá en casa, mi mujer y mi hijo siguen siendo toda la luz que necesito para mirar un horizonte enrojecido, detrás mío me sigue ese oscuro panorama que acompaña a mi pálida sombra, a los restos de mí.
Sigo esperando entonces a que la vela en el mástil, me indique qué rumbo debo seguir.
Sigo esperando a que la última brisa de cambio, me lleve finalemente al puerto a donde he de arribar.
martes, 25 de agosto de 2009
La primera "formal"
Ayer asistí por primera ocasión a una junta de Padres de Familia de la escuela de mi niño. No he cumplido ni cinco meses de experiencia en ser padre, cuando ya estoy asistiendo a un junta escolar...y la verdad es que fue algo tormentosa.
A inicio de cuentas, llegué tarde. El gran portón de la escuelita, dejaba escuchar una voz de bocina y una serie de murmullos, seguidos de una larga lista de lloriqueos infantiles. Apenado, toqué el timbre y esperé a que se abriera la puerta.
Rechinó un poco, del otro lado apareció la cara regordeta de una señora, que descubriría después es maestra de la escuela. Entré -con la cola entre las patas-, todos los ahí reunidos me voltearon a ver con cara de aburrición y fastidio. Tomé un lugar al final del patio, y me senté en una incómoda sillita del tamaño de un cuaderno.
Después de un breve silencio, la voz de bocina, prosiguió con su largo y enredoso discurso. Y siguió y siguió. Y siguió y me desesperó, y me aburrió, y me cansó.
Para cuando desperté de mi malviaje, descubrí que tenía 5 minutos para llegar a otro de mis destinos. Por si no hubiera tenido suficiente pena y miradas extrañadas acumuladas durante mi entrada, apurado tomé mis cosas y me aproximé a la salida lo más sigilosamente posible. Estaba por abrir la puerta cuando la voz de bocina me detuvo. ¿Ya te tienes que ir? preguntó, como si no fuera obvio y sólo quisiera seguir ridiculizándome. Giré lentamente, asentí con la cabeza y los cachetes enrojecidos. Una maestra apurada me entregó una bolsa llena de quiensabequé, me dió la mano y me dijo en voz baja: ¡Andrés se porta muy bien!. Justo cuando pensé que se estaba burlando de mí, entendí que se refería a mi hijo.
A inicio de cuentas, llegué tarde. El gran portón de la escuelita, dejaba escuchar una voz de bocina y una serie de murmullos, seguidos de una larga lista de lloriqueos infantiles. Apenado, toqué el timbre y esperé a que se abriera la puerta.
Rechinó un poco, del otro lado apareció la cara regordeta de una señora, que descubriría después es maestra de la escuela. Entré -con la cola entre las patas-, todos los ahí reunidos me voltearon a ver con cara de aburrición y fastidio. Tomé un lugar al final del patio, y me senté en una incómoda sillita del tamaño de un cuaderno.
Después de un breve silencio, la voz de bocina, prosiguió con su largo y enredoso discurso. Y siguió y siguió. Y siguió y me desesperó, y me aburrió, y me cansó.
Para cuando desperté de mi malviaje, descubrí que tenía 5 minutos para llegar a otro de mis destinos. Por si no hubiera tenido suficiente pena y miradas extrañadas acumuladas durante mi entrada, apurado tomé mis cosas y me aproximé a la salida lo más sigilosamente posible. Estaba por abrir la puerta cuando la voz de bocina me detuvo. ¿Ya te tienes que ir? preguntó, como si no fuera obvio y sólo quisiera seguir ridiculizándome. Giré lentamente, asentí con la cabeza y los cachetes enrojecidos. Una maestra apurada me entregó una bolsa llena de quiensabequé, me dió la mano y me dijo en voz baja: ¡Andrés se porta muy bien!. Justo cuando pensé que se estaba burlando de mí, entendí que se refería a mi hijo.
lunes, 17 de agosto de 2009
Dale tiempo al tiempo (como dice la canción)
El tiempo vuelve a ser hoy, el destinatario de mis desesperadas letras. Casi 4 meses y medio después de que la esperanza se encarnó un sus pequeños ojos, el tiempo me ha traido en su vaivén un incontable número de eventos sobrenaturales, casi divinos, y mejor aún, extrasensoriales y paradigmáticos. También creo que el tiempo me trajo, cierta paz, cierta paciencia, cierto descanso a mi alma intranquila. Le puso una pausa a mi imperiosa curiosidad por descubrir, por mirar, por decir y escuchar; y cambiarme el ímpetu de la voluntad que con su facultad transformadora, me ha convertido en alguien más alto, más profundo, más claro.
Pero el tiempo, también ha sido un mounstro insaciable que no deja nada a su paso, sólo recuerdos mundanos, que no me bastan y no acepto. Con su paso, me ha permitido sí, verlo mirar, descubrir, alcanzar; crecer exponencialmente y ensanchar sus capacidades a un ritmo vertiginozo. Pero me arrebata los momentos, se los lleva aunque suplique rastreramente que se detenga, que me los devuelva, que no se lleve el instante, que me lo deje para siempre.
martes, 11 de agosto de 2009
La casa de pasto y flores
Llego como bólido hasta la puerta de mi casa de pasto y flores. Un aroma que conozco me llena los pulmones, los ensancha, los invita a aspirar-expirar, a colmarse de dulce y fresco.
Mi casa de pasto y flores es pálida, pero no enferma. Ahí parado en su puerta, me tomo un segundo para recordarme que -del otro lado- me espera ya la esperanza.
Una ligera brisa me acompaña al umbral, lo cruzamos juntos, ligeros, silenciosos, flotando sobre el suelo de piedra. Danzando a compás de 4/4 cierro la puerta de mi casa de pasto y flores, y me encierro con ella -o más bien con ellos- mi esperanza.
Me cura, me hace descanzar, me llena de paz, de luz, de energía brillante y plena.
Y yo...sólo quiero estar allá, en mi habitación perfumada, en mi casa de pasto y flores.
Mi casa de pasto y flores es pálida, pero no enferma. Ahí parado en su puerta, me tomo un segundo para recordarme que -del otro lado- me espera ya la esperanza.
Una ligera brisa me acompaña al umbral, lo cruzamos juntos, ligeros, silenciosos, flotando sobre el suelo de piedra. Danzando a compás de 4/4 cierro la puerta de mi casa de pasto y flores, y me encierro con ella -o más bien con ellos- mi esperanza.
Me cura, me hace descanzar, me llena de paz, de luz, de energía brillante y plena.
Y yo...sólo quiero estar allá, en mi habitación perfumada, en mi casa de pasto y flores.
miércoles, 10 de junio de 2009
La Marioneta
Por primera ocasión, me quedé a solas con él.
Me miraba inquieto con sus ojos grises. Esa mirada me provocaba cierta incomodidad, cierta confusión, cierto deseo de no estar, cierto miedo.
¿Qué tenía que hacer entonces? ¿Escapar a un rincón oscuro? ¿Enfrentarlo? ¿Con qué arsenal?
Mientras trataba de esquivar la parálisis nerviosa, de la que me hizo presa; él continuaba en silencio, mirándome. Tal vez esperaba algún movimiento sorpresivo, su postura así lo evidenciaba. Taciturno, sólo alcanzaba a percibir el sonido de su respiración.
La tensión crecía, mientras mi mano empezaba a temblar y mis rodillas a flaquear.
Esbocé una sonrisa. No tuvo respuesta. Me moví un poco hacia el rincón de la habitación donde se almacenan los libros, buscando -tal vez- perderme de su mirada entre las coloridas portadas y cubiertas.
Intento fallido. Él seguía con su mirada clavada en mi cara.
Justo cuando sentí desfallecer, me lanzó un leve balbuceo que por alguna extraña razón sentí cargado de confianza y cierta lástima.
Me acerqué. Lo miré aún con cierto temor, puse mi mano sobre su cabeza y sosteniendo la respiración, esperé unos segundos.
Mi miró y sonrió.
Me miraba inquieto con sus ojos grises. Esa mirada me provocaba cierta incomodidad, cierta confusión, cierto deseo de no estar, cierto miedo.
¿Qué tenía que hacer entonces? ¿Escapar a un rincón oscuro? ¿Enfrentarlo? ¿Con qué arsenal?
Mientras trataba de esquivar la parálisis nerviosa, de la que me hizo presa; él continuaba en silencio, mirándome. Tal vez esperaba algún movimiento sorpresivo, su postura así lo evidenciaba. Taciturno, sólo alcanzaba a percibir el sonido de su respiración.
La tensión crecía, mientras mi mano empezaba a temblar y mis rodillas a flaquear.
Esbocé una sonrisa. No tuvo respuesta. Me moví un poco hacia el rincón de la habitación donde se almacenan los libros, buscando -tal vez- perderme de su mirada entre las coloridas portadas y cubiertas.
Intento fallido. Él seguía con su mirada clavada en mi cara.
Justo cuando sentí desfallecer, me lanzó un leve balbuceo que por alguna extraña razón sentí cargado de confianza y cierta lástima.
Me acerqué. Lo miré aún con cierto temor, puse mi mano sobre su cabeza y sosteniendo la respiración, esperé unos segundos.
Mi miró y sonrió.
lunes, 25 de mayo de 2009
De regreso
Luego del aletargamiento ruinoso, la resurrección.
Vuelvo a mi blog, y vuelvo a compartir con ustedes ésta mi vida.
Desde el último post, han corrido por el sendero cientos de capítulos dignos de ser recordados y vueltos eternos a través de las letras.
Pero sin duda, el acontecimiento supremo es el nacimiento de mi hijo.
Vuelvo a mi blog, y vuelvo a compartir con ustedes ésta mi vida.
Desde el último post, han corrido por el sendero cientos de capítulos dignos de ser recordados y vueltos eternos a través de las letras.
Pero sin duda, el acontecimiento supremo es el nacimiento de mi hijo.
He intentado de mil formas distintas, tomar una fotografía de mi corazón,
Plasmar en algo tangible, lo intangible.
He buscado mil palabras, devorado diccionarios y enciclopedias,
Descifrando el crucigrama del lenguaje,
Tratando de dimensionar en una frase
La ecuación del amor.
Pero lo cierto, es que el universo entero no entiende lo que pasa dentro
Esta necesidad insaciable por su sonrisa,
No existe, ni una frase, ni una operación aritmética o cuántica,
Tampoco una melodía, un verso, ni una estrella infinita,
Nada lo entiende ni lo plasma.
El amor, es un asunto del alma.
Por eso escapa a los asuntos de los mortales.
Por eso escapa a toda proporción,
Incluso a la comprensión mía,
Por que no la entiendo,
Sólo la siento, sólo la siento.
Así de irracional e incomprensible es el amor que prodigo
Que humildemente presento a sus piecitos descalzos,
Lo entrego en un cofre de cristal y diamantes
Traslúcido, valioso, infinito.
Así te amo.
Así se me inflama el corazón, que es todo para ti.
Así te lo doy, así te lo entrego.
Inconmensurable, incorruptible, perpetuo.
Ante este espectro de luz, ese mundo no que no lo entiende
Se trasforma y evoluciona en mil colores y formas,
Se enciende, se llena de aromas y sabores.
La oscuridad desaparece y da paso a lo brillante y nuevo.
Para ti hijo, mi vida entera
Mis sueños e ilusiones, mis manos y mis pies.
Plasmar en algo tangible, lo intangible.
He buscado mil palabras, devorado diccionarios y enciclopedias,
Descifrando el crucigrama del lenguaje,
Tratando de dimensionar en una frase
La ecuación del amor.
Pero lo cierto, es que el universo entero no entiende lo que pasa dentro
Esta necesidad insaciable por su sonrisa,
No existe, ni una frase, ni una operación aritmética o cuántica,
Tampoco una melodía, un verso, ni una estrella infinita,
Nada lo entiende ni lo plasma.
El amor, es un asunto del alma.
Por eso escapa a los asuntos de los mortales.
Por eso escapa a toda proporción,
Incluso a la comprensión mía,
Por que no la entiendo,
Sólo la siento, sólo la siento.
Así de irracional e incomprensible es el amor que prodigo
Que humildemente presento a sus piecitos descalzos,
Lo entrego en un cofre de cristal y diamantes
Traslúcido, valioso, infinito.
Así te amo.
Así se me inflama el corazón, que es todo para ti.
Así te lo doy, así te lo entrego.
Inconmensurable, incorruptible, perpetuo.
Ante este espectro de luz, ese mundo no que no lo entiende
Se trasforma y evoluciona en mil colores y formas,
Se enciende, se llena de aromas y sabores.
La oscuridad desaparece y da paso a lo brillante y nuevo.
Para ti hijo, mi vida entera
Mis sueños e ilusiones, mis manos y mis pies.
jueves, 19 de febrero de 2009
La caja idiota
Recostado sobre el sofá de la sala, me disponía a pasar el rato mirando la televisión.
Mientras esperaba el inicio de la serie cómica <>, irrumpieron con violencia 3 minutos de aburridos y tediosos comerciales.
Justo cuando había decidido ir a buscar los restos de algunas botanas y una cerveza fría; llenó la pantalla, un arrugado y rosado rostro de bebé. Pero no cualquier bebé…, uno recién nacido, con sus piernitas aún encorvadas y un enorme pañal que le cubría tres cuartas partes de su cuerpecito.
Acto seguido, su mamá lo carga con cariño, lo mima y lo llena de abrazos. El bebé no se inmuta, parece presa de un profundo sueño. Y mientras la música melosa que fondea el comercial acentúa su participación; el niño es recostado entre blancas sábanas que lo reciben y lo abrazan.
Termina el comercial. Creo que anunciaba pañales.
Desperté del trance, temblando y los ojos me ardían. Una sustancia extraña y salada salía de ellos y escurría por mis mejillas. El cuerpo me temblaba, como cuando uno sueña que cae y se precipita contra el suelo.
Mi esposa entró a la sala y me miró con extrañeza y cierta lástima. No aguantó la carcajada.
Apenado, huí en busca de mi botana y mi cerveza fría.
Maldita televisión, con razón dicen que es la <>, ¿Cómo se atreve a manipularme de esa forma?
Mientras esperaba el inicio de la serie cómica <
Justo cuando había decidido ir a buscar los restos de algunas botanas y una cerveza fría; llenó la pantalla, un arrugado y rosado rostro de bebé. Pero no cualquier bebé…, uno recién nacido, con sus piernitas aún encorvadas y un enorme pañal que le cubría tres cuartas partes de su cuerpecito.
Acto seguido, su mamá lo carga con cariño, lo mima y lo llena de abrazos. El bebé no se inmuta, parece presa de un profundo sueño. Y mientras la música melosa que fondea el comercial acentúa su participación; el niño es recostado entre blancas sábanas que lo reciben y lo abrazan.
Termina el comercial. Creo que anunciaba pañales.
Desperté del trance, temblando y los ojos me ardían. Una sustancia extraña y salada salía de ellos y escurría por mis mejillas. El cuerpo me temblaba, como cuando uno sueña que cae y se precipita contra el suelo.
Mi esposa entró a la sala y me miró con extrañeza y cierta lástima. No aguantó la carcajada.
Apenado, huí en busca de mi botana y mi cerveza fría.
Maldita televisión, con razón dicen que es la <
Tengo y no tengo
La noticia es que la espera, ha comenzado a terminar con mi paciencia. Ya no me entusiasma sentarme a mirar su ropa, ni su cuarto, ni el millar de peluches y juguetes que se amontonan por los rincones de su cuarto.
Ya no soporto la espera. Me persigue a todas partes, no me deja concentrarme, ni pensar. No me escucho a mí mismo. Todo en mi mente se ve perturbado por la espera.
Es como una piedra en el zapato, como una luz directa en la retina, como un ruido incesante y creciendo.
Ya no soporto más. Quisiera ya tenerlo en mis brazos, y rozar mi nariz en la suya. Quisiera tocar su piel, oler su perfumado aroma, sentir su fragilidad…quiero…quiero tanto y no lo tengo…
Ya no soporto la espera. Me persigue a todas partes, no me deja concentrarme, ni pensar. No me escucho a mí mismo. Todo en mi mente se ve perturbado por la espera.
Es como una piedra en el zapato, como una luz directa en la retina, como un ruido incesante y creciendo.
Ya no soporto más. Quisiera ya tenerlo en mis brazos, y rozar mi nariz en la suya. Quisiera tocar su piel, oler su perfumado aroma, sentir su fragilidad…quiero…quiero tanto y no lo tengo…
Algo que debía
Mientras mi bebé sigue ganando peso, y pateando cada vez can más fuerza el vientre de mi mujer, nosotros, nos hemos volcado a la organización de algunos baby shower (por cierto, si alguien sabe cuál es la traducción al español de dicha ascepción, lo agradeceré; p. existencial)
Mi hermosa mujer, con la devoción de un mártir y la dedicación de quien anhela un sueño, ha producido una serie de souvenirs, que habrán de distribuirse en estas reuniones tan sui géneris.
Mientras tanto, yo –con notoriamente menos talento artístico- he dedicado mis tardes a la contemplación y a la desesperación.
Porque la espera –bella pero abrumadora señorita- empieza a hacer estragos en mi conciente. De repente me sorprendo a mi mismo divagando en múltiples y coloridos paisajes mentales, suspirando en la soledad de la recámara, mirando todo sin mirar. Veo todo, y nada se mueve, ni siquiera yo. Todo está inanimado, quieto, triste y desolado. Hasta un sonriente oso de peluche, cabizbajo y taciturno; parece tan desesperado como yo.
Y sigo esperando su llegada…
Mi hermosa mujer, con la devoción de un mártir y la dedicación de quien anhela un sueño, ha producido una serie de souvenirs, que habrán de distribuirse en estas reuniones tan sui géneris.
Mientras tanto, yo –con notoriamente menos talento artístico- he dedicado mis tardes a la contemplación y a la desesperación.
Porque la espera –bella pero abrumadora señorita- empieza a hacer estragos en mi conciente. De repente me sorprendo a mi mismo divagando en múltiples y coloridos paisajes mentales, suspirando en la soledad de la recámara, mirando todo sin mirar. Veo todo, y nada se mueve, ni siquiera yo. Todo está inanimado, quieto, triste y desolado. Hasta un sonriente oso de peluche, cabizbajo y taciturno; parece tan desesperado como yo.
Y sigo esperando su llegada…
martes, 27 de enero de 2009
Redireccinar la lectura
Los últimos días han sido de estudio. Mis lecturas han dejado de lado a García Márquez, Benedetti, Cortázar, y demás ejemplares que se han acumulado en el empolvado librero de mi casa.
Ahora, mi atención se centra en algunas revistas y panfletos médicos. "Los mil y un cuidados del bebé", "padres primerizos", "oraciones de un padre", "la aventura de nacer", son algunos de los interesantísimo títulos que he devorado en los pocos ratos de lectura que dedico al día.
La última gran revelación que encontré, refiere a las llamadas células madre. Las maravillas médicas y aplicaciones que tienen en nuestros días, me dejaron con la boca abierta.
Casi 200 enfermedades son tratadas –algunas curadas y otras demuestran claras mejorías en la calidad de vida- con las células madre, otras tantas están siendo investigadas y están por ser acreditadas científicamente para su tratamiento con este método.
Por eso, esta semana, acudí a pedir informes a las diferentes emperezas que ofrecen el almacenamiento de células madre en Querétaro. Los costos son altos, pero creo que vale la pena. Si alguien tiene alguna recomendación al respecto, es bienvenida.
Ahora, mi atención se centra en algunas revistas y panfletos médicos. "Los mil y un cuidados del bebé", "padres primerizos", "oraciones de un padre", "la aventura de nacer", son algunos de los interesantísimo títulos que he devorado en los pocos ratos de lectura que dedico al día.
La última gran revelación que encontré, refiere a las llamadas células madre. Las maravillas médicas y aplicaciones que tienen en nuestros días, me dejaron con la boca abierta.
Casi 200 enfermedades son tratadas –algunas curadas y otras demuestran claras mejorías en la calidad de vida- con las células madre, otras tantas están siendo investigadas y están por ser acreditadas científicamente para su tratamiento con este método.
Por eso, esta semana, acudí a pedir informes a las diferentes emperezas que ofrecen el almacenamiento de células madre en Querétaro. Los costos son altos, pero creo que vale la pena. Si alguien tiene alguna recomendación al respecto, es bienvenida.
viernes, 16 de enero de 2009
COmienza la cuenta regresiva
La espera empieza a contar los últimos días. Los nervios en espera del momento, me ponen en un lamentable estado vibratorio permanente. Empiezan a visitar mis sueños, esos días soleados, cargados de risas, de instantes, de momentos que quisiera se mantuvieran sin el efecto del tiempo.
Mi bebé, al que he comenzado a llamar por su nombre: Andrés…; ya patea con fuerza como queriendo salir. Y yo, Andrés, palpo su cubierta como queriendo entrar.
Faltan alrededor de 90 días…para su llegada a este mundo. Y para mí, junto con él nacerá un mundo extraño y ajeno, que me mostrará sus nuevos colores, sus matices, sus aromas dulces, sus bardas pintadas con el sol.
Mi mujer, por su parte, luce más hermosa que nunca. Esa pancita, parece adornar con tino, esa sonrisa amplia y perpetua. Sus ojos, profundizan y desnudan el alma. Llena la casa de paz, de quietud, de tranquilidad.
¡Bendita aventura!
Me basta mirarlo, para entender la palabra milagro.
Mi bebé, al que he comenzado a llamar por su nombre: Andrés…; ya patea con fuerza como queriendo salir. Y yo, Andrés, palpo su cubierta como queriendo entrar.
Faltan alrededor de 90 días…para su llegada a este mundo. Y para mí, junto con él nacerá un mundo extraño y ajeno, que me mostrará sus nuevos colores, sus matices, sus aromas dulces, sus bardas pintadas con el sol.
Mi mujer, por su parte, luce más hermosa que nunca. Esa pancita, parece adornar con tino, esa sonrisa amplia y perpetua. Sus ojos, profundizan y desnudan el alma. Llena la casa de paz, de quietud, de tranquilidad.
¡Bendita aventura!
Me basta mirarlo, para entender la palabra milagro.
lunes, 12 de enero de 2009
Ustedes qué creen?
¿Dónde está el límite del hombre? Acaso en sus sueños, en su cuerpo o en su mente. ¿Hasta dónde seremos capaces de llegar?.
Pienso en esto, mientras observo las fotografías de mi bebé. Éstas que a continuación les comparto.
¿El hombre podrá ser eterno? ¿Podrá algún día descifrar el enigma de su existencia? ¿Tendremos la oportunidad de mirar la luz? ¿Hasta dónde llegará este pequeño ser que yace en las entrañas de mi esposa?
Pienso en cuántos suelos pisará, en cuánta gente conocera, los libros que le marcarán, las películas que le harán reir y llorar, la música que le moverá el espíritu, su primer amor, el segundo y el tercero...y todos los demás.
Todos los paisajes que admirará, los sabores que degustará. Sus problemas pequeños y grandes, sus juegos y manías. Sus recuerdos más valiosos. Los lugare de su mente, todos los centímetros que crecerá...
Pienso tanto y no logro pensar nada.
¿Dónde quedan los límites de mi pensamiento? ¿Hasta dónde sueño todo y la realidad se aleja?
O acaso, ¿todo es real y nada imagino?.
La tecnología hoy me brinda la oportunida única, de conocerlo, de mirarlo antes de que él mire al mundo.
Simplemente, me quedé sin palabras...y "el mundo entero enmudeció ante su presencia"...
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