martes, 25 de agosto de 2009

La primera "formal"

Ayer asistí por primera ocasión a una junta de Padres de Familia de la escuela de mi niño. No he cumplido ni cinco meses de experiencia en ser padre, cuando ya estoy asistiendo a un junta escolar...y la verdad es que fue algo tormentosa.

A inicio de cuentas, llegué tarde. El gran portón de la escuelita, dejaba escuchar una voz de bocina y una serie de murmullos, seguidos de una larga lista de lloriqueos infantiles. Apenado, toqué el timbre y esperé a que se abriera la puerta.

Rechinó un poco, del otro lado apareció la cara regordeta de una señora, que descubriría después es maestra de la escuela. Entré -con la cola entre las patas-, todos los ahí reunidos me voltearon a ver con cara de aburrición y fastidio. Tomé un lugar al final del patio, y me senté en una incómoda sillita del tamaño de un cuaderno.

Después de un breve silencio, la voz de bocina, prosiguió con su largo y enredoso discurso. Y siguió y siguió. Y siguió y me desesperó, y me aburrió, y me cansó.

Para cuando desperté de mi malviaje, descubrí que tenía 5 minutos para llegar a otro de mis destinos. Por si no hubiera tenido suficiente pena y miradas extrañadas acumuladas durante mi entrada, apurado tomé mis cosas y me aproximé a la salida lo más sigilosamente posible. Estaba por abrir la puerta cuando la voz de bocina me detuvo. ¿Ya te tienes que ir? preguntó, como si no fuera obvio y sólo quisiera seguir ridiculizándome. Giré lentamente, asentí con la cabeza y los cachetes enrojecidos. Una maestra apurada me entregó una bolsa llena de quiensabequé, me dió la mano y me dijo en voz baja: ¡Andrés se porta muy bien!. Justo cuando pensé que se estaba burlando de mí, entendí que se refería a mi hijo.

lunes, 17 de agosto de 2009

Dale tiempo al tiempo (como dice la canción)

No puedo evitar sentirme un poco melancólico. Estoy dividido justo a la mitad, una de estas partes lo adora, y la otra -aplicando el principio de polaridad- lo odia.

El tiempo vuelve a ser hoy, el destinatario de mis desesperadas letras. Casi 4 meses y medio después de que la esperanza se encarnó un sus pequeños ojos, el tiempo me ha traido en su vaivén un incontable número de eventos sobrenaturales, casi divinos, y mejor aún, extrasensoriales y paradigmáticos. También creo que el tiempo me trajo, cierta paz, cierta paciencia, cierto descanso a mi alma intranquila. Le puso una pausa a mi imperiosa curiosidad por descubrir, por mirar, por decir y escuchar; y cambiarme el ímpetu de la voluntad que con su facultad transformadora, me ha convertido en alguien más alto, más profundo, más claro.

Pero el tiempo, también ha sido un mounstro insaciable que no deja nada a su paso, sólo recuerdos mundanos, que no me bastan y no acepto. Con su paso, me ha permitido sí, verlo mirar, descubrir, alcanzar; crecer exponencialmente y ensanchar sus capacidades a un ritmo vertiginozo. Pero me arrebata los momentos, se los lleva aunque suplique rastreramente que se detenga, que me los devuelva, que no se lleve el instante, que me lo deje para siempre.


martes, 11 de agosto de 2009

La casa de pasto y flores

Llego como bólido hasta la puerta de mi casa de pasto y flores. Un aroma que conozco me llena los pulmones, los ensancha, los invita a aspirar-expirar, a colmarse de dulce y fresco.
Mi casa de pasto y flores es pálida, pero no enferma. Ahí parado en su puerta, me tomo un segundo para recordarme que -del otro lado- me espera ya la esperanza.
Una ligera brisa me acompaña al umbral, lo cruzamos juntos, ligeros, silenciosos, flotando sobre el suelo de piedra. Danzando a compás de 4/4 cierro la puerta de mi casa de pasto y flores, y me encierro con ella -o más bien con ellos- mi esperanza.
Me cura, me hace descanzar, me llena de paz, de luz, de energía brillante y plena.
Y yo...sólo quiero estar allá, en mi habitación perfumada, en mi casa de pasto y flores.