miércoles, 11 de noviembre de 2009

El baúl de los recuerdos presentes

Aparece como una fotografía, un desgastado Volkswagen azul donde mi hermano Franco, me insitaba a correr lo más rápido posible hasta la puerta de la casa.
El problema no sería el vochito, sino mi andadera. No caminaba aún, estaba semiparado, con mis gordas piernas que apenas sontenían mi voluminoso cuerpo, apenas tocando el suelo. Ahí junto a mi, estaba su sonrisa enorme y sus cabellos rubios, montado sobre su poderoso vochito de pedales; reía continuamente con sólo mirarme, y aún sigo preguntándome por qué.
Después de un rato, y al ver que apenas podía mover mi hinchado cuerpo, saltaba de su vocho, tomaba mi espalda y me empujaba por todas partes con prisa. Rodeábamos una kilométrica mesa redonda, librábamos obstáculos insalvables como sillas gigantes, masetas y uno que otro juguete en el suelo.
Prácticamente sentía que volaba sobre mi andadera. Franco reía detrás mío, mientras yo trataba de contener mi susto y mi asombro ante el poder de la velocidad.
Finalmente cansado, dejaba mi pequeña existencia y volvía a conducir su bólido azul. Daba algunas vueltas sobre el circuito interior de nuestra casa, pero un poco apesumbrado y aburrido volvía a donde yo, para descubrir que todo esra mucho más divertido cuando empujaba con fuerza al bodoque con chinos.
Hoy mi hermano Franco cumple 30 años. Se ha convertido en un hombre -en toda la extensión de la palabra-
Un pequeño homenaje y un abrazo a mi querido Gordo.

martes, 10 de noviembre de 2009

Vientos de cambio...

El clima, junto con los paisajes, las personas y las situaciones han cambiado.

El viento (frío) trae consigo la desmesura de la incertidumbre.
No puedo mirar lejos aunque quiero, nubarrones negros me impiden divisar el escampe.
Espero sentado, temblando de frío.

Cada vez más, me cuesta escribir. Me duelen las manos, se rehusan a caer sobre las teclas de esta polvosa computadora. Sigo leyendo sí, cada que puedo retomo las páginas de los 3 libros que estoy siguiendo de manera paralela. Una no muy buena idea por cierto, porque en cierto punto, la debilidad de mi ya de por sí desgastada memoria, comienza a tejer puentes entre las historias de cada novela; y así de pronto, la oscura novela de Lovecraft, se traslada al desértico portugal y a la época de Maximiliano en Viena (escenario de una novela de Saramago), se llena de humor simplón y de algunas letras de escritores indígenas en Colombia (Antología, feria internacional del libro de Guadalajara 2007).

El destino de mis voluntades está dividido. Mientras que allá en casa, mi mujer y mi hijo siguen siendo toda la luz que necesito para mirar un horizonte enrojecido, detrás mío me sigue ese oscuro panorama que acompaña a mi pálida sombra, a los restos de mí.

Sigo esperando entonces a que la vela en el mástil, me indique qué rumbo debo seguir.
Sigo esperando a que la última brisa de cambio, me lleve finalemente al puerto a donde he de arribar.