Aparece como una fotografía, un desgastado Volkswagen azul donde mi hermano Franco, me insitaba a correr lo más rápido posible hasta la puerta de la casa.
El problema no sería el vochito, sino mi andadera. No caminaba aún, estaba semiparado, con mis gordas piernas que apenas sontenían mi voluminoso cuerpo, apenas tocando el suelo. Ahí junto a mi, estaba su sonrisa enorme y sus cabellos rubios, montado sobre su poderoso vochito de pedales; reía continuamente con sólo mirarme, y aún sigo preguntándome por qué.
Después de un rato, y al ver que apenas podía mover mi hinchado cuerpo, saltaba de su vocho, tomaba mi espalda y me empujaba por todas partes con prisa. Rodeábamos una kilométrica mesa redonda, librábamos obstáculos insalvables como sillas gigantes, masetas y uno que otro juguete en el suelo.
Prácticamente sentía que volaba sobre mi andadera. Franco reía detrás mío, mientras yo trataba de contener mi susto y mi asombro ante el poder de la velocidad.
Finalmente cansado, dejaba mi pequeña existencia y volvía a conducir su bólido azul. Daba algunas vueltas sobre el circuito interior de nuestra casa, pero un poco apesumbrado y aburrido volvía a donde yo, para descubrir que todo esra mucho más divertido cuando empujaba con fuerza al bodoque con chinos.
Hoy mi hermano Franco cumple 30 años. Se ha convertido en un hombre -en toda la extensión de la palabra-
Un pequeño homenaje y un abrazo a mi querido Gordo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario