El clima, junto con los paisajes, las personas y las situaciones han cambiado.
El viento (frío) trae consigo la desmesura de la incertidumbre.
No puedo mirar lejos aunque quiero, nubarrones negros me impiden divisar el escampe.
Espero sentado, temblando de frío.
Cada vez más, me cuesta escribir. Me duelen las manos, se rehusan a caer sobre las teclas de esta polvosa computadora. Sigo leyendo sí, cada que puedo retomo las páginas de los 3 libros que estoy siguiendo de manera paralela. Una no muy buena idea por cierto, porque en cierto punto, la debilidad de mi ya de por sí desgastada memoria, comienza a tejer puentes entre las historias de cada novela; y así de pronto, la oscura novela de Lovecraft, se traslada al desértico portugal y a la época de Maximiliano en Viena (escenario de una novela de Saramago), se llena de humor simplón y de algunas letras de escritores indígenas en Colombia (Antología, feria internacional del libro de Guadalajara 2007).
El destino de mis voluntades está dividido. Mientras que allá en casa, mi mujer y mi hijo siguen siendo toda la luz que necesito para mirar un horizonte enrojecido, detrás mío me sigue ese oscuro panorama que acompaña a mi pálida sombra, a los restos de mí.
Sigo esperando entonces a que la vela en el mástil, me indique qué rumbo debo seguir.
Sigo esperando a que la última brisa de cambio, me lleve finalemente al puerto a donde he de arribar.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario