lunes, 25 de febrero de 2008

EN ESTA INMENSIDAD: A. FILIO

Si abro un recuerdo y miro para atrás
Justo cuando era niño o más allá
Tengo tantas canciones por decirte
Pero a veces no encuentro ni un rastro de mí.

Miro el rompecabezas y no sé, si perdí alguna pieza o estoy bien.
Ha de calmarse un poco, este loco de atar
Si me miran tus ojos en esta inmensidad.

En esta inmensidad a la que llaman tiempo
En esta inmensidad donde vamos viviendo
Te encontré frente a frente y todavía no lo entiendo
Cómo fue tanto tiempo sin poderte tocar.

Si a la espalda me juzgan los demás
Y si abraza una duda a mi verdad
Nadie es dueño de nadie, yo lo se bien
Pero a veces me adueño de tu olor a mujer.

¿Cómo se alimenta la ilusión?

Miras de frente y la puerta se cierra, burlona, con violencia. Miras al suelo y los pies se hunden poco a poco.
Quiero tenderte la mano, arrojárme a tu lugar y ponerte a salvo.

Cómo alimentar tu ilusión. Cómo evitar que tus sueños se vayan volando sin rumbo. Sólo te ofrezco mis fuerzas y mi amor desnudo y descalso.

lunes, 18 de febrero de 2008

Manifiesto Infinito

Querétaro, Qro. 14 de febrero de 2008

Amor mío.

Tal vez –hoy más que nunca- una simple carta parece tan irremediablemente corta e insignificante, pero al mismo tiempo, el mejor mecanismo para plantear subjetivamente todo lo que hoy tengo que decir… y hacerlo de la mejor forma que se: escribiendo.

Hace ya algunos años, leí un artículo en el que mi gran gurú de las letras, Gabriel García Márquez, afirmaba estar insatisfecho con sus novelas y obras maestras. El Gabo, decía que había muchas cosas que nuestro breve lenguaje no nos permitía expresar con claridad. El amor, la esperanza, la amistad, el dolor, el hambre, la lejanía, la soledad, etc. ¿Cómo definimos esto? ¿Qué es lo que sentimos? ¿Acaso nuestro lenguaje alcanza para plasmar lo que nuestros sentimientos nos dictan?

Yo pienso que no.

Por eso –tal vez- me permito excusar estas líneas, en el caso de que mi ridículo léxico no alcance a transmitir todo lo que esta fecha significa.


I.- De los recuerdos.

Hace algunos años (más de 6), Andrés se paseaba solitario por las calles. No miraba a nadie a la cara. Era un ermitaño condenado a vivir con los demás y soportar la tortura que representaba la humanidad.

En ese tiempo, Andrés estaba tan sólo y tan triste que le costaba respirar. No quería a nadie, ni a él mismo. Era una época de oscuridad total, de sentimientos reprimidos. Algo de odio, algo de rencor y mucho dolor, eran sus compañeros permanentes.

Pero una tarde, todo cambió.

Una tarde de agosto, un relámpago sacudió su existencia. Su resonancia quitó de tajo la suciedad que lo cubría y lo dejó desnudo e indefenso.

Así se sentía entonces. Como un niño recién nacido, descubría cada sensación que le regalaba su entorno: la profundidad de cada respiro, el matiz de cada color, el calor, el frío, el sudor que corría por su frente, los párpados cubriendo sus ojos, los olores del mundo, la textura de las paredes, de la ropa, de la piel.

Ese relámpago, como supondrás, fuiste tú.

Desde entonces y a la fecha corriente, Andrés aprendió a mirar al mundo con otra mirada.

Sí, continúa en su interior ese rebelde que se indigna con la injusticia, el reportero insaciable que no se calla, el necio amante de las letras, de la filosofía. Pero acá afuera, ya no está el seño fruncido, ni el puño apretado, los dientes ya no rechinan y ahora –sólo de vez en cuando- mis ronquidos son los más escandaloso en mi entorno.

Recuerdos…

Qué tesoro tan grande resguarda mi memoria: aquel cálido primer beso, tu aroma, la vibración de tu presencia, tu voz de paz, tu guitarra, las noches de café, de cine, de miradas cómplices, de risas interminables, de llanto, de dolor, de añoranza y hasta de inmadurez.

De la mano, hemos emprendido aventuras increíbles. Nos hemos adentrado a este enredoso laberinto llamado amor. Pero sin duda la aventura más grande se llama “matrimonio”.

II.- Hasta eso, ¡si nos está saliendo bien!
(Élfego Buendía, Café Tacuba)

Me imagino –porque no lo se de cierto- que el hombre tiene una plenitud, un éxtasis que le obliga a tomar decisiones.

Pero, en todo caso, ¿Qué es el éxtasis? ¿Cómo identificar nuestro tope?, ¿Cómo llegamos a él?, ¿de verdad existe?, y si existe, ¿Para qué sirve?

No lo se de cierto, lo supongo.

Aquel medio día del 3 de febrero -pienso yo- fue mi éxtasis. Frente a un altar que no recuerdo, bajo cientos de ojos que nos miraban fijamente, detrás de las manos de un sacerdote –cuyo nombre no recuerdo-, y siguiendo las notas de un canon, te juré amor eterno, bajo la mirada testimonial de Dios y de mi corazón.

Ya dice la Biblia que jurar en nombre de Dios en vano, está prohibido (eso tampoco lo se de cierto), pero jurar con Dios como testigo es cosa aparte.

Cada palabra que dije en mis votos, es tan cierta como la verdad. Como la verdad de estas letras que no se olvidan y que estarán por siempre sobre este papel.

Desde entonces, cada amanecer es una aventura. Mirarte andar, venir, llevar, soñar, dormir, imaginar, hablar, cantar, reír… es en sí mismo, un milagro que –con toda alevosía- me permito disfrutar hasta extremos criticados.

Cada segundo a tu lado, me permite redescubrir el universo. Mirarlo desde un lado distinto cada vez, encontrarle un aspecto desconocido, más profundo, más irremediablemente infinito. Un universo en donde puedo viajar y desplazarme sin complicaciones. Aparecer y desaparecer. Alcanzar la cúpula de mi cuerpo y aterrizar sobre un mundo lleno de tus ojos, de tu paz, de tu mirada que todo lo cubre.

A veces –créeme- quisiera esta sólo recostado en tu vientre. Sólo sentir tu presencia y nada más. Que mi mano tocara tu piel y quedara impregnada de ti. Que mis ojos sólo vieran los tuyos, tan profundos.

**

Las tardes son mi escapatoria perfecta para volver al inicio, para tomarte entre mis manos y sólo amarte mientras el sol se muere en el ocaso.

Cada tarde, me lleva y me azota en el más inimaginable paraíso. Allá sentados en nuestra soledad, sin mundo, sin personas, sin problemas, sin historias, sin nada, nos descubrimos en nuestras almas –almas gemelas-, almas que sienten y se van volando por la inmensidad del todo y la nada.

Cada tarde, con su rojo cenizo, me invita a pensar sobre el amor. Sobre cómo expresarlo, cómo llevarlo, cómo llevarlo dentro mío y cómo expulsarlo con tanta fuerza, sin que mi cuerpo se desintegre en el intento.

Tal vez unos “huevitos con tocino”, o una caricia al despertar, mecer mi mano por tus cabellos, con una canción, con un poema, o una carta. No lo sé.

¿Cómo te digo que te amo?

Cómo te digo que –seguramente- mi vida estaría vacía y desdichada sin ti. Que mis mañanas y mis tardes son tuyas, y que son tuyas también mis ansias locas de besos y abrazos, que son tuyos mis sueños e ilusiones de otra mañana y otra tarde…contigo.

Cómo decirte, que tu ausencia me llena de oscuridad y desvarío. Cómo decirte que sueño contigo y que al soñar sueño contigo. Que mi realidad es tan encantadoramente real, que a veces me abruma y solito, camino hacia algún problema con la finalidad de abofetearme un poco y saber que no es una fantasía sino una realidad.

Dios es grande sin duda.

III. Gracias

Antes de concluir con esta –breve- misiva, sólo me resta decir gracias. Gracias sinceras y alejadas de la altanería.

¿Cómo agradecerte?

Nuevamente cae sobre mí este dilema. Hasta dónde la palabra sirve para precisar las cosas y hasta dónde se quedan indefensas y limitadas ante los sentimientos humanos.

Si te digo gracias, es con el corazón por voz. Si te digo gracias por éste y todos los días, Si te digo, gracias por el alimento, por la caricia, por tus palabras, por tus miradas, por dormir bocabajo, por los pasteles exitosos y los fallados, por aquel guiso picante, por mi sándwich, por todas y cada una de las deliciosas quesadillas; por tu voz en el aula, por tu voz que viste la canción, por cada noche de “me sirve”, por cada incursión a Salvatierra, por cada momento, por cada instante que –gracias- me regalas. Por cada segundo, cada exhalación de aire, cada parpadeo. Gracias por ser y estar para mí, para nosotros.

Definición de “gracia” según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española: cualidad de hacer reír o divertir/ Chiste/ Beneficio, concesión gratuita/ Indulto o perdón/ Atractivo, donaire/ Don que Dios concede a los hombres para su salvación)

Nada. Salvo la última. Tú eres mi gracia, o en todo caso, mi “gracias”. Eres, un regalo inmerecido, que Dios (o Chuchito, como me gusta llamarlo) me envolvió para regalo y me lo entregó por sorpresa en agosto del año 2001.

Eres mi salvación. Eres mi utopía y mi status quo.

IV. Sobre temas diversos.

Hoy es 14 de febrero (eso ya lo se, dame un dato que no sepa). Mañana es 14 de febrero (¡Ah caray!), y pasado también (¡Este tipo está loco!). Tal vez todos los días son 14 de febrero (Huy sí, quién ya no quiere seguir envejeciendo…). O tal vez ninguno (Bueno, ¿A qué estamos jugando?). ¿Es necesario que sea 14 de febrero? (¿este wey que se fumó?). Yo creo que no. Sólo me basta que sea un día, o una noche, o una vida, para decirte que te amo y para amarte sin límite (¡Ahhh, ahora entiendo todo!)

**

-Mira Filemón, conocí a una hermosa mujer- dice Pancracio, recargándose en la sucia barra de una cantina. Filemón levanta su mirada, mira su cerveza y no responde. –Oye compadre, no sabes…es hermosa, me ha puesto a soñar despierto desde hace 35 días- continúa Pancracio. Se acerca a Filemón, le da una palmada en la espalda y prosigue: -si la conocieras, se te caerían los calzones de envidia…-

Pancracio se levanta. Lo mira y le dice: Yo he tenido a todas las mujeres que han existido, existen y existirán. Yo conocí a “La Mujer” y me ama y la amo.

**

“Tu voz resucita/ mis músculos dormidos/ mis latidos encontrados/ Tus manos/ cuando se colocan/ curan mis heridas/ más invisibles/ Tu ángel/ fecunda peces/ que se multiplican/ como deseos de humedad/Cada vez que amas/ es un milagro”








V. El final…se acerca ya.

Ya no sé si este documento es una carta de amor, o más bien, un manifiesto anarquista.

Sólo quiero decirte que te amo, y que soy un afortunado por tenerte a mi lado.
“Yo Andrés, te acepto a ti Marilu como mi (legítima) esposa. Prometo amarte y respetarte todos los días de mi vida”

TE AMO PEQUEÑA.