De pronto me encuentro a unos cuantos días de celebrar mi primer aniversario de bodas.
EL tiempo parece que no ha pasado y se ha mantenido estático, sólo mirándonos bailar.
La ley de la gravedad define que, esta fuerza magnética, es aquella que hace que un cuerpo se precipite hacia otro. Mi amor, es como la fuerza de gravedad.
No puedo evitar precipitarme contra ella, en mis pensamientos, en mis palabras, en mis letras, en mis sueños. Es una fuerza tan grande que no puedo evitarla, sólo puedo contemplar cómo se acerca a gran velocidad y se funde conmigo, llenando cada espacio de mi cuerpo.
Así como un cuerpo se precipita contra otro, mi amor se precipita contra el tuyo; y forma uno más grande, más nuevo, mas indestructuble.
Y así como la gravedad no es finita, por el contrario, sólo existe. Así mi amor es infinito y permanente.
Déjame seguir siendo tu satélite centinela, por toda la eternidad...
martes, 15 de enero de 2008
martes, 8 de enero de 2008
Comentarios Generales
Ahora que la monotonía abruma mis mañanas, me siento un poco alienado, ajeno. En el fondo se que todo es real, pero de momentos, me parece que todo es una larga pesadilla de la que no puedo despertar.
Este escritorio, este asiento, esta pantalla que me mira fijamente, este olor, este maldito frío...todo fluye con desidia.
Todos me parecen extraños conocidos, o conocidos extraños. Hasta mi conciencia me traiciona y retos me deja solo, con algunos sueños, visiones, aluciones.
Y de repente me encuentro en un momento de lucidez y no me permito desaprovecharlo, por eso regreso a este diario que no es diario, y escribo lo que tal vez, nunca escribiré.
Este escritorio, este asiento, esta pantalla que me mira fijamente, este olor, este maldito frío...todo fluye con desidia.
Todos me parecen extraños conocidos, o conocidos extraños. Hasta mi conciencia me traiciona y retos me deja solo, con algunos sueños, visiones, aluciones.
Y de repente me encuentro en un momento de lucidez y no me permito desaprovecharlo, por eso regreso a este diario que no es diario, y escribo lo que tal vez, nunca escribiré.
viernes, 4 de enero de 2008
Un nuevo horizonte
Ahora, tal vez veo el mundo desde otra perspectiva. Las últimas semanas me han regalado una serie de experiencias metafísicas que me han llevado a la profundidad reflexiva y a la claridad en mi escala de valores.
Una navidad contrastante.
Comunmente y tal como yo mismo lo relaté en algún post anterior, en nuestros días, la época navideña para la gran mayoría es la utopía del mercantilismo. Para otros es tiempo de soledad, de tratar de encerrar todos los rencores acumulados durante el año, y hacer de nuestra conciencia, la peor de nuestras enemigas.
Sin embargo esta navidad, en mi mundo, tuvo un cierto color novedoso y un cúmulo de sentimientos encontrados que finalmente salen a la luz en estas líneas.
Por una parte, el tiempo en que mis labores fueron suspendidas y no tuve otra ocupación que el ocio, me sirvieron para reencontrarme con ese "yo" sentimental, que ama los libros y las letras, que gusta de escribir y que se desvive por concentir a mi compañera. Los días fueron fructíferos y abonaron el camino para encontrar el "calor de hogar" en mi pequeña guarida.
Vi brillar con intensidad los ojos de mis padres y hermanos, también nos reencontramos en torno al árbol navideño y a la espectacular cena que brindaron mis tías.
Allá en la lejana Salvatierra, reencontre mis raíces, mi gente, mi "yo niño". Alrededor de una humilde mesa, cenamos suculentos alimentos, que por tradición, no son comprados en Wal Mart.
Esa familia, tan humilde, parecía la más feliz del mundo.
Sin embargo, no todo fue felicidad. Una ausencia pesaba sobre la noche. Un espíritu cálido nos llevaba a la nostalgía. La añoranza exigiía su presencia, y su resonancia se hizo más fuerte mientras la noche transcurría. De ratos, los rostros se volvían oscuros y cabisbajos. Ella nos faltaba, había un hueco que no podíamos cubrir tan sólo con su recuerdo. No duele, la herida aún sangra y es difícil vivir con este dolor que nos sorprende en las noches y que nos atormenta todo el día.
"Cuesta trabajo creer la soledad/ el viento espera saber/ qué es lo que puede ocurrir/ con luna y pasión/ si se quedan por fin juntos/ en soledad".
En fin, la navidad me llenó de nuevos bríos para enfrentarme -con espada desenvainada- a esta realidad.
AÑO NUEVO DE ANTOLOGÍA
La noche del 31 de diciembre estuvo repleta de sorpresas. La mayor de ellas, tal vez la encontré en los ojos de una pequeña niña de 5 años, que con su mirada me recordó la transparencia del espíritu y la fortaleza inquebrantable de la voluntad. También despertó en mí, cierto sentido paternal. Por un momento, me sentí con la imperiosa necesidad de desbordar mis sentimientos y llenarla de besos y apapachos, morder sus cachetes rosas y menear mi palma por sus cabellos castaños. En cierta forma, esta pequeña niña se convirtió en mi niña. Esa pequeña con la que sueño, y a la que tanto le temo.
Arribaron a la festividad, una serie de nuevos personajes que no conocía y hasta Silvio Rodríguez nos acompañó con sus melodías. ¡Ah Silvio! ¡Cómo me hacías falta!. Esa dureza lírica, esas metáforas indescifrables, esa poesía cruda y violenta.
Allá con mis percusiones, me acordé de mis amigos, de mis hermanos que aunque están lejos, siguen presentes en mi corazón.
Un científico sobrio y casi inmutable, extrajo un yo que casi había olvidado. Ese que sería "el pensador", el filósofo rebelde, el inconforme permanente, el activista, el desobediente, el artista. Gracias.
Así pues, estos días, que me ayudaron a explorar de a poco, la profundidad, la oscuridad y los rincones más alejados de mi ser. No puedo evitar ser egoísta y autocrítico, estos días fueron para brindarme a los demas, para tratar -aunque sea inocentemente- de entenderme y conocer los límites de mis sueños, mis anhelos, mis odios, mis rencores, mis amores perdidos, mis amigos, mis amores presentes, mi alma rota, mi historia, mi muerte.
Una navidad contrastante.
Comunmente y tal como yo mismo lo relaté en algún post anterior, en nuestros días, la época navideña para la gran mayoría es la utopía del mercantilismo. Para otros es tiempo de soledad, de tratar de encerrar todos los rencores acumulados durante el año, y hacer de nuestra conciencia, la peor de nuestras enemigas.
Sin embargo esta navidad, en mi mundo, tuvo un cierto color novedoso y un cúmulo de sentimientos encontrados que finalmente salen a la luz en estas líneas.
Por una parte, el tiempo en que mis labores fueron suspendidas y no tuve otra ocupación que el ocio, me sirvieron para reencontrarme con ese "yo" sentimental, que ama los libros y las letras, que gusta de escribir y que se desvive por concentir a mi compañera. Los días fueron fructíferos y abonaron el camino para encontrar el "calor de hogar" en mi pequeña guarida.
Vi brillar con intensidad los ojos de mis padres y hermanos, también nos reencontramos en torno al árbol navideño y a la espectacular cena que brindaron mis tías.
Allá en la lejana Salvatierra, reencontre mis raíces, mi gente, mi "yo niño". Alrededor de una humilde mesa, cenamos suculentos alimentos, que por tradición, no son comprados en Wal Mart.
Esa familia, tan humilde, parecía la más feliz del mundo.
Sin embargo, no todo fue felicidad. Una ausencia pesaba sobre la noche. Un espíritu cálido nos llevaba a la nostalgía. La añoranza exigiía su presencia, y su resonancia se hizo más fuerte mientras la noche transcurría. De ratos, los rostros se volvían oscuros y cabisbajos. Ella nos faltaba, había un hueco que no podíamos cubrir tan sólo con su recuerdo. No duele, la herida aún sangra y es difícil vivir con este dolor que nos sorprende en las noches y que nos atormenta todo el día.
"Cuesta trabajo creer la soledad/ el viento espera saber/ qué es lo que puede ocurrir/ con luna y pasión/ si se quedan por fin juntos/ en soledad".
En fin, la navidad me llenó de nuevos bríos para enfrentarme -con espada desenvainada- a esta realidad.
AÑO NUEVO DE ANTOLOGÍA
La noche del 31 de diciembre estuvo repleta de sorpresas. La mayor de ellas, tal vez la encontré en los ojos de una pequeña niña de 5 años, que con su mirada me recordó la transparencia del espíritu y la fortaleza inquebrantable de la voluntad. También despertó en mí, cierto sentido paternal. Por un momento, me sentí con la imperiosa necesidad de desbordar mis sentimientos y llenarla de besos y apapachos, morder sus cachetes rosas y menear mi palma por sus cabellos castaños. En cierta forma, esta pequeña niña se convirtió en mi niña. Esa pequeña con la que sueño, y a la que tanto le temo.
Arribaron a la festividad, una serie de nuevos personajes que no conocía y hasta Silvio Rodríguez nos acompañó con sus melodías. ¡Ah Silvio! ¡Cómo me hacías falta!. Esa dureza lírica, esas metáforas indescifrables, esa poesía cruda y violenta.
Allá con mis percusiones, me acordé de mis amigos, de mis hermanos que aunque están lejos, siguen presentes en mi corazón.
Un científico sobrio y casi inmutable, extrajo un yo que casi había olvidado. Ese que sería "el pensador", el filósofo rebelde, el inconforme permanente, el activista, el desobediente, el artista. Gracias.
Así pues, estos días, que me ayudaron a explorar de a poco, la profundidad, la oscuridad y los rincones más alejados de mi ser. No puedo evitar ser egoísta y autocrítico, estos días fueron para brindarme a los demas, para tratar -aunque sea inocentemente- de entenderme y conocer los límites de mis sueños, mis anhelos, mis odios, mis rencores, mis amores perdidos, mis amigos, mis amores presentes, mi alma rota, mi historia, mi muerte.
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