Llego como bólido hasta la puerta de mi casa de pasto y flores. Un aroma que conozco me llena los pulmones, los ensancha, los invita a aspirar-expirar, a colmarse de dulce y fresco.
Mi casa de pasto y flores es pálida, pero no enferma. Ahí parado en su puerta, me tomo un segundo para recordarme que -del otro lado- me espera ya la esperanza.
Una ligera brisa me acompaña al umbral, lo cruzamos juntos, ligeros, silenciosos, flotando sobre el suelo de piedra. Danzando a compás de 4/4 cierro la puerta de mi casa de pasto y flores, y me encierro con ella -o más bien con ellos- mi esperanza.
Me cura, me hace descanzar, me llena de paz, de luz, de energía brillante y plena.
Y yo...sólo quiero estar allá, en mi habitación perfumada, en mi casa de pasto y flores.
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