El tiempo vuelve a ser hoy, el destinatario de mis desesperadas letras. Casi 4 meses y medio después de que la esperanza se encarnó un sus pequeños ojos, el tiempo me ha traido en su vaivén un incontable número de eventos sobrenaturales, casi divinos, y mejor aún, extrasensoriales y paradigmáticos. También creo que el tiempo me trajo, cierta paz, cierta paciencia, cierto descanso a mi alma intranquila. Le puso una pausa a mi imperiosa curiosidad por descubrir, por mirar, por decir y escuchar; y cambiarme el ímpetu de la voluntad que con su facultad transformadora, me ha convertido en alguien más alto, más profundo, más claro.
Pero el tiempo, también ha sido un mounstro insaciable que no deja nada a su paso, sólo recuerdos mundanos, que no me bastan y no acepto. Con su paso, me ha permitido sí, verlo mirar, descubrir, alcanzar; crecer exponencialmente y ensanchar sus capacidades a un ritmo vertiginozo. Pero me arrebata los momentos, se los lleva aunque suplique rastreramente que se detenga, que me los devuelva, que no se lleve el instante, que me lo deje para siempre.
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