lunes, 18 de agosto de 2008

milagro...


Crucé el umbral de la puerta y miré hacia el televisor. Una imgen un tanto distorsionada en blanco y negro, ponía a prueba mi capacidad de imaginación e interpretación. La imagen se movía de un lado hacia otro, y no alcanzaba a percibir nada con claridad.
De pronto, como surgiendo de entre la oscuridad, se asomó el pequeño. Un apenas perceptible milagro enmudeció al mundo entero, sólo con su presencia.
Es mi pequeño, con sus 7 semanas de vida. Su tamaño es de casi 2 centímetros (no es el de la imagen).
En esa breve existencia, el pequeño crece. Su cuerpo aún es poco reconocible, sin embargo, hay algo que ya logramos mirar con claridad...su corazón; ¡Un verdadero milagro!, su pequeña bombita latía con a un ritmo trepidante y mis ojos (y mi alma) se desbordaron al presenciar tal suceso de proporciones inimaginables. Es tal vez, lo más hermoso que haya visto jamás.
Vaya sorpresas que nos regala la vida. Hoy mi bebé me enseñó que lo primero y lo último de un ser humano, es su corazón.
Como platicaba hace poco con una buena amiga, el corazón humano es tan profundamente complejo, que a veces nos cuesta entenderlo. Desde luego, no me estoy al "corazón" en términos biológicos, me refiero al corazón como la capacidad humana de amar y ser amado.
Mi bebé ya tiene un corazón vivo y latiente, un corazón que yo me encargaré de llenar de sueños e ilusiones, de cariño y de valores.
Vaya reto.
PD: Aún no alcanzo a dimensionar el milagro que presencié este fin de semana. Tal vez nunca lo haga.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Te amo...
Amo a nuestro bebé...
Y voy a cuidarlos a los dos hasta el último momento....

Te amo mi amor....