Mientras dos minutos antes, la alegría desbordada hacía enrojecer las mejillas; despúes el panorama se volvió gris, lleno de incertidumbre, miedo y coraje contenido.
Mirar los ojos irritados, los puños cerrados, los dientes apretados, el seño fruncido, y el mismo odio en los rostros ensombrecidos, me llenan de rabia.
Ya pagarás... No te odio, ni te deseo la muerte. Más bien, te desprecio y te tengo lástima. Al final de tus días, hundido en la soledad y la pobreza, morirás sólo, lleno de miedo, arrepentido, tratando de evitar el momento de mirar a Satán a la cara y llorar por toda la eternidad.
Ojalá...que logres despertar de tu insomnio, que abras los ojos y los libres del odio que te abruma, porque estás causando un dolor insoportable a esos ojos.
Ojalá que no sea demasiado tarde, y te arrepientas cuando tengas la hoz caer sobre tu cuello.
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