Comida deliciosa, bebida aún mejor; pero el cariño, desbordaba las paredes y abría el cielo gris y sus nubarrones.
Qué hermosa tarde.
bitácora desesperada y totalmente anárquica de la vida, o lo que es lo mismo, "la importancia de llamarse Andrés Hernández"
No hay comentarios:
Publicar un comentario