La espera empieza a contar los últimos días. Los nervios en espera del momento, me ponen en un lamentable estado vibratorio permanente. Empiezan a visitar mis sueños, esos días soleados, cargados de risas, de instantes, de momentos que quisiera se mantuvieran sin el efecto del tiempo.
Mi bebé, al que he comenzado a llamar por su nombre: Andrés…; ya patea con fuerza como queriendo salir. Y yo, Andrés, palpo su cubierta como queriendo entrar.
Faltan alrededor de 90 días…para su llegada a este mundo. Y para mí, junto con él nacerá un mundo extraño y ajeno, que me mostrará sus nuevos colores, sus matices, sus aromas dulces, sus bardas pintadas con el sol.
Mi mujer, por su parte, luce más hermosa que nunca. Esa pancita, parece adornar con tino, esa sonrisa amplia y perpetua. Sus ojos, profundizan y desnudan el alma. Llena la casa de paz, de quietud, de tranquilidad.
¡Bendita aventura!
Me basta mirarlo, para entender la palabra milagro.
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