Según diferentes libros, mi bebé ya debe estar midiendo entre 15 y 20 centímetros, y aunque el espacio en la cavidad abdominal de la mamá aún es abundante, ya se comienza a vislumbrar un pequeño bultito en la pancita, que nos maravilla y conmueve.
Los malestares de Marilu, que habían quedado en el olvido en las últimas semanas, han contraatacado y vuelven a escena. Ella los afronta con valentía y combate día con día, ese permanente e ineludible estado que no le permite estar tranquila en ninguna parte, salvo quizás, en casa de su mamá.
Los cursis padres en ciernes, han tomado la inocente decisión de pintar el que será el cuarto del bebé. Mil colores nos asaltan y nos intimidan, en una disputa por exhibirse en las aún blancas paredes de aquel cuarto.
He quedado harto del Feng-Shui. -Que si la cunita para allá, que ahí no porque hay un vértice que genera malas energías, que ese color le provoca un mal desarrollo, que los juguetes no, que las sábanas de color claro para la circulación- ¡es más complicado que la física cuántica!
Pero en fin, el ímpetu y la esperanza nos ayudan a mirar todo esto en perspectiva; a valorar nuestro tiempo de familia…y a empezar a conocerlo (a). Yo creo que le gustará la música como al padre.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario